Cultura Gratuita y de Calidad para Todos

british museumEsta es la segunda colaboración de su viaje que nos entrega Pablo Manouvrier Pozo, y que publicamos hoy lunes en la víspera de su retorno al país. Comparto  con los lectores este aporte que me  enorgullece por  el interés y la sed de cultura que Pablo evidencia y que siempre hemos compartido

 

 

No quisiera dejar la impresión de que durante estas vacaciones he tenido un recorrido frenético y rápido por muchos destinos. Por el contrario, ha sido, fundamental y afortunadamente, un descanso en que he tenido la oportunidad de estar instalado en un departamento de París, en el barrio de Le Marais, tratando de acercarme lo más posible a la vida cotidiana de los parisinos.

Sin embargo, por diversas razones, algunas electivas y otras más propias del sometimiento del hombre a la mujer, he tenido algunas escapadas “express”. Una de ellas me llevó a Londres por 34 horas a visitar a una amiga de mi polola.

Luego de maravillarnos por lo prodigioso que resulta demorarse tan sólo dos horas de centro a centro, entre París y Londres, vía Eurostar, arribamos a la capital de Inglaterra en un lunes inusualmente soleado y caluroso. Un día, en definitiva, “lovely”, como sentenció el conserje de nuestro hotel, usando una de las tantas expresiones típicas de los británicos.

Lo cierto es que basta recorrer tan sólo unos minutos esta ciudad para darse cuenta que se trata de un país muy distinto al resto  de Europa: los buses rojos de dos pisos, la moneda propia, la sucesión de Pubs en todas partes, los avisos pintados en el piso de cada paso peatonal advirtiendo que antes de atravesar se debe mirar a la derecha, cuando un continental miraría a la izquierda y viceversa. Quizás en lo único que no tiene mucho que aportar Inglaterra es en su cocina, pero la multiculturalidad de esta capital permite compensar esa falencia con una variadísima oferta gastronómica que acoge opciones foráneas.

Londres concentra en una reducida superficie muchos lugares “emblemáticos” del país, característica que se agradece por el visitante express. Así, en poco tiempo es posible visitar el Palacio de Buckhingam, el Big Ben, el Parlamento, Traflagar Square y una sucesión de puentes que cruzan el río Támesis, dentro de los cuales el más notable es el Tower Bridge. Además de ser el primer puente levadizo que se construyó en el mundo, en 1894, tiene una bella arquitectura y diseño, muy característicos de esta capital. Recomiendo visitarlo, subir sus Torres, atravesarlo, ver los videos explicativos y el funcionamiento de su maquinaria.

Sin embargo, y vamos al tema del título, una gratísima sorpresa con que nos recibió Londres fue que el ingreso a los museos es completamente gratuito. Y digo que es una sorpresa porque la gratuidad en sí misma es hoy por hoy, especialmente para los chilenos, una rareza. Pero además, cuando se considera la atractiva oferta de museos que tiene Londres, entonces esa sorpresa es gratísima.

En efecto, en esta urbe se concentran el Museo de Londres, el British Museum, la National Gallery y el Tate Modern, por nombrar sólo algunos. En estas colecciones es posible encontrar algunas de las mayores y más importantes creaciones artísticas del hombre, así como piezas originales de la historia de la evolución humana.

Nosotros escogimos el British Museum y fue una excelente elección, pues tal como lo anuncia el plano que entregan al ingreso, se trata de un “un museo del mundo, para el mundo”. En efecto, acá es posible encontrar vestigios de prácticamente todas las culturas de la antigüedad y también de épocas actuales.

Siendo franco, me cuesta creer que todas las piezas del Museo hayan sido “regaladas” a la Reina de Inglaterra. No obstante, la gratuidad que ya mencioné y la circunstancia que todas ellas estén disponibles para mostrar una síntesis del mundo, permiten mirar con indulgencia una actitud de verdaderas apropiaciones, muchas de ellas al margen de la ética y el ordenamiento jurídico que incluso alcanzan a nuestro querido Chilito y que permiten exhibir un moai auténtico en medio de Londres.

Pero volvamos al lado bueno de las cosas: un museo montado en un edificio y espacio magníficos, con explicaciones simples, pero suficientes para comprender la cultura que se quiere mostrar en cada sala, planos de recorridos, visitas guiadas, un edificio con excelente instalaciones, todas bien mantenidas, incluidos los baños, todo por cero libra esterlina. El resultado: una galería repleta de personas de todas las edades, muchos niños, familias haciendo picnic en sus jardines, en definitiva, un museo lleno de vida.

Todo lo esencial de esta muestra es gratuito: el acceso, los planos de recorrido (que proponen diferentes tipos de rutas, según el tiempo disponible para el visitante; cosa que nosotros, asistentes fugaces, agradecimos) y visitas conducidas por unos excelentes guías, con quienes además de aprender se puede disfrutar el acento british y esa actitud flemática, siempre predicada de los ingleses y que, pude comprobar, es real.

Con todo, a pesar de la gratuidad, si quieres ayudar al museo, existen alcancías dispuestas que te invitan a donar £5 por la entrada o la misma cantidad por los planos. Nuevamente, es un agrado comprobar que muchas personas colaboran voluntariamente o bien, si no pagaron por el plano, lo devuelven al término de su recorrido para que otros puedan emplearlos.

Como mencioné, la colección es impresionante. Desde luego, es imposible no maravillarse con algunas de las piezas como la Piedra Rosetta, clave para poder descifrar los jeroglíficos egipcios. Acá es posible encontrarse con Cleopatra en persona, por cierto momificada, y con un sinnúmero de sarcófagos egipcios.

Si de los griegos se trata, existe una impactante instalación que prácticamente reproduce el Partenón y el Templo de las Nereidas. Igualmente admirables son los relieves del Palacio Asirio de Nínive del rey Asurbanipal.

Existen muchas piezas romanas, en especial aquellas dejadas en su paso por Inglaterra, pero por sobre todo destaca un bellísimo trabajo en el jarrón o vaso de Portland, del siglo I d.C. y que constituye una obra maestra de la antigua técnica romana del cristal cameo.

La cultura japonesa también cuenta con una excelente muestra, en especial el traje completo de un samurai y varios sables nipones o katanas que resultan sobrecogedores por su belleza y poder. Toda esta parte se dispone en una excelente y sobria sala “Mitsubishi”, una forma de capear los menores ingresos derivados de la gratuidad de acceso.

En fin, alguna muestra hay de prácticamente todas las culturas que han existido en este mundo, incluido, como mencioné, un bello moai pascuense.

Por último, si quieren hacer una pausa en el recorrido, hay comida para todos los gustos y bolsillos (asumiendo que Londres es carísimo, así que “todos los bolsillos” tiene letra chica). Nosotros escogimos el Great Court (casi todo en Londres tiene algún aire monárquico o de corte) y disfrutamos con un menú vikingo, alusivo a una de las muestras del museo. Asimismo, es posible cooperar a las arcas de la galería, llevándose algún recuerdo del gift shop, pero siempre, a precios londinenses.

Durante mi recorrido por el British Museum no pude dejar de pensar en todo momento en Chile. Creo que tenemos excelentes museos que mostrar. Muchos de ellos los pude conocer tempranamente gracias a mi madre: el Museo de Arte Precolombino, la Casa Colorada, el Museo Colonial de la Iglesia de San Francisco, el Museo Arquelógico de San Pedro de Atacama, el Museo Arqueológico de La Serena. Desde luego que no disponemos de la gran infraestructura de las colecciones de Londres o París, pero estos espacios tienen mucho que aportar sobre todo a los niños y más jóvenes de nuestro país, a su educación, cultura, formación y comprensión de nuestra identidad histórica. Sin comprensión de la historia, es difícil aportar adecuadamente al presente y futuro.

Al conocer experiencias como las de la gratuidad de los museos en Londres reflexiono sobre la necesidad que tenemos en nuestro país de adoptar decisiones radicales y osadas en pro de la cultura y la educación.

¿Qué sucedería si en el contexto del Día del Patrimonio Cultural, una buena iniciativa que los chilenos esperamos cada año y que repleta los espacios públicos patrimoniales, la Presidenta anunciara y decretara la gratuidad de todos los museos estatales de nuestro país?, ¿qué sucedería si, además, se decretara que los museos accederán a una subvención estatal, asociada al número de visitantes que recibieran? La primera de las medidas propuesta ciertamente que eliminaría cualquier posibilidad de lucro por parte de los museos, cuestión que vendría con los tiempos que corren en que, al parecer, debemos descabezar todo lo que huela a lucro. La segunda propuesta, incentivaría la competencia de los museos por captar visitantes para aumentar sus ingresos; la competencia, por cierto, es otro de los valores de nuestro ordenamiento económico. Por lo tanto, se trataría de decisiones que no serían ni peligrosas ni socavarían las bases del “modelo”.

Estas medidas son simples y de fácil ejecución. Lo cierto es que creo que el número de visitantes que actualmente tienen los museos nacionales es tan reducido que es muy probable que eliminar el cobro por entradas no causará perjuicio económico alguno y por el contrario, probablemente atraerá a las personas, pues al fin de cuentas, a todos nos gusta lo gratuito.

Me encantaría tener un país con museos repletos de personas, empapándose, en familia y con alegría, de la historia de nuestra nación. La gratuidad de los museos, que es en definitiva la gratuidad de parte importante de la cultura, puede ser un primer paso para acercarnos a la educación gratuita y de calidad para todos y que nuestro país persigue denodadamente hace ya un largo rato.

 

 

Susana Pozo Pizarro, es Periodista (UCh), Magíster en Información Económica. Actualmente se desempeña como académica del Departamento de Ciencias Sociales de la Universidad de la Serena. A nivel profesional ejerció en formatos de Televisión, Radio, Periódico y Revista. También se desempeñó en Comunicación Corporativa y culminó su carrera como Editora y Columnista del sector de Economía en Diario “El Mercurio” de Valparaíso. Hoy es columnista del Semanario “Tiempo” de La Serena.

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