“Un Fin de Semana en París”

Susana Pozo

, Cine, General

“Un Fin de Semana en París”

 

 

 

Fin de semana en ParisCómo afecta el paso de los años a la relación de una pareja es el tema que aborda la cinta “Un Fin de Semana en París”. Una afiatada dupla de los actores  británicos Jim Broadbent y Lindsay Duncan representa a 2 académicos ya retirados que llegan  a la Ciudad Luz en fecha de  su 30 aniversario.  

Pareciera, a medida que transcurre la cinta, que no ha sido la mejor idea visitar la encantadora capital francesa donde comenzaron la desafiante aventura de iniciar vida matrimonial, se supone, “para toda la vida”, la frase que me inspiró el calificativo de “desafiante” y podríamos  añadir el de comprometedora, a la luz de la autoexigida promesa del “hasta que la muerte nos separe”.

Un importante número de parejas  no supera este  reto y fracasa en el intento, por muy buenas que hayan sido las intenciones del inicio.

Y otras, también un significativo número, permanecen juntas pero no unidas por  las razones más banales, que no se vinculan a ellos mismos y a lo que queda del recíproco sentimiento, sino a contextos que les rodean: hijos, bienes materiales, comodidad, conveniencias o simplemente porque les resulta confortable que la relación ya esté encaminada en el plano de la amistad y el compañerismo.

El problema de la pareja de esta cinta  anglo-francesa es que las razones para permanecer juntos es dispareja: la mujer abusa de su superioridad emocional en tanto en su cónyuge aun permanece vivo el atractivo físico, sexual y de compañía por ella, cuyo interés por él se esfumó.

Y ese sí que es un desgastador estado disparejo.

La presión entre ellos- como sucede en la vida real- se expresa particularmente a través de los diálogos,- que pueden resultar tan  violentos como una agresividad física- de frases mordaces de la mujer que llevan hasta implícito el menosprecio por la  calidad profesional de su esposo. Y de un erosionante vaivén por compartir y luego rechazar

La película se mueve en esa ambigüedad de relación porque retrata la inevitable complicidad que otorga la envergadura de tantos años juntos,  y a la vez, la tensión existente, como resultado de una sostenida agresión verbal de parte de la mujer que desliza frases como “me sacas de quicio más que nadie en el mundo”, “Cállate idiota” y “Ahora que los chicos se han  ido ¿qué queda de nosotros?”

Ella arrastra el tedio de la cotidianeidad y de rencores, cuyas razones  no  están suficientemente explícitas en el guión.

Señalaba a comienzo de este comentario que no era la mejor idea retornar a la ciudad donde  disfrutaron su luna de miel, particularmente si la razón no es precisamente porque se ha  conservado el encanto y el atractivo de  los inicios de la unión.

El abordaje de este tema, hace interesante esta producción que  no tiene más ambiciones que colocar este asunto en el debate y a la vez entretener.

No podemos  dejar de  comparar esta cinta con  la también francesa “Antes del Amanecer” y que hace un par de años tuvo una secuela “Después del Atardecer”. Ambas muy exitosas, pero que personalmente me provocaron  el natural tedio de  soportar  por  90 minutos el diálogo de una pareja que busca encantarse.

A diferencia de estas  2 producciones, “Un Fin de Semana en París” aborda  este  tema que en la vida real poco prefieren analizar a pesar de haber llegado a un nivel incómodo en su relación, si ya han trascurrido varias décadas y cada uno saca las cuentas que al separarse, son muy mínimas las opciones de encontrar otro compañero (a) para la vejez, cuando tal vez se requiere de más compañía. Es el leve o gran matiz entre estar solo (a) o mal acompañado.

Ese es también uno de los temas medulares de esta cinta, en tono de comedia, discreta, sin estridencias, como suele ser el cine europeo.

Un rol incidental en esta realización está a cargo de Jeff Goldblum, cuyos papeles más  recordados  en Chile son “La Mosca” y “Parque Jurásico I y II”, quien colaborará a  que el ya envejecido académico sea visto con otros ojos por su mujer.

Aun cuando no es una gran cinta, “Un Fin de Semana en París” la recomendamos por el tono reflexivo que puede  surgir  sobre el creciente tema de parejas de la tercera edad.

Los paneos en torno a  los señoriales  edificios parisinos y sus encantadores balconcitos constituyen un tributo a la tradicional arquitectura de la capital francesa.

Esta cinta se  exhibe en el Cine “El Biógrafo” de Santiago en cartelera alternada con “Una Segunda Oportunidad” que ya también comentamos en estas páginas.

Para  público de regiones- como siempre- la  única opción es  adquirirla  a través de  sitios. El Cine  Europeo en el resto del país es sólo exclusividad de institutos binacionales y sus fugaces carteleras.

 

Susana Pozo Pizarro, es Periodista (UCh), Magíster en Información Económica. Actualmente se desempeña como académica del Departamento de Ciencias Sociales de la Universidad de la Serena. A nivel profesional ejerció en formatos de Televisión, Radio, Periódico y Revista. También se desempeñó en Comunicación Corporativa y culminó su carrera como Editora y Columnista del sector de Economía en Diario “El Mercurio” de Valparaíso. Hoy es columnista del Semanario “Tiempo” de La Serena.

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  • Pablo 15 / 01 / 2016 Reply

    Estimada Susana,
    Hace unos días tuve el gusto de ver “Un fin de semana en París” o “Le week-end”, en su título original.
    Creo que es una película muy interesante, cuya sinopsis no hace justicia con ella, pues deja la impresión que el film es una especie de comedia romántica y nada más lejos de lo que esta cinta es. El jazz aportado por una trompeta en su banda sonora le da el tono melancólico (y algo triste) que toda la historia tiene.
    Coincidiendo en que se traba de una buena película, tengo un matiz de diferencia contigo sobre qué nos muestra la historia, pues creo que el tema que aborda no es cómo afecta el paso de los años a la relación de pareja.
    En mi opinión, “Un Fin de Semana en París” nos permite reflexionar sobre qué podemos esperar del amor, cuestión, además, independiente del paso de los años.
    Como sucede en gran parte de nuestros problemas existenciales, su raíz está en las expectativas que tenemos. Llevado eso al matrimonio, creo que esperar de él que nos haga transitar por el camino de ser felices y comer perdices por largos años es un visión un tanto cándida de las cosas. Las relaciones humanas son complejas en todos sus ámbitos y el matrimonio es quizás la más compleja de todas.
    Creo que el foco que cada uno debe poner en la vida de pareja o matrimonial debe estar en el otro: nuestra tarea es ayudar a nuestra compañera (o) en su búsqueda de la felicidad. Y ya está.
    Engañarse con bálsamos irreales de lo que debe ser el matrimonio o esperar que con el paso de los años la relación con tu pareja vaya en ascenso permanente es una actitud naif que solo lleva a la frustración. En ese sentido, las escenas finales de la película, cuando uno de los protagonistas mira descarnadamente su existencia, muestran cuál era el real sentimiento que había en la pareja.
    Por último, y no quiero ser latero, te sugiero ver “Antes de medianoche”, la última parte de las películas de Julie Delpy y Ethan Hawke que mencionas. Es un buen colofón de las dos anteriores y muestra cuán clave es el tener claro qué podemos esperar del amor.

    • Susana Pozo Pizarro 15 / 01 / 2016 Reply

      Gracias Pablo por comentar: todos los aportes son muy válidos, porque a partir de la diferencia, vamos avanzando en los distintos matices con que vemos los individuos procesos tan complejos como es el de la relación de pareja.
      Concuerdo en casi la integralidad de tu texto, pero quisiera precisar que el planteamiento en cuanto a que la relación de pareja debe hacerse pensando en el otro, es la utopía del millón y cuya escasa práctica explica la profusión de fracasos, decepciones y abandonos que forman parte del ir y devenir del matrimonio y sus variables.
      Por eso, seguiremos viendo a través del Cine variadas propuestas sobre el tema, cada una desde una visión y una dimensión que aporta cada director y elenco. Con mayor o menor realismo y también de la candidez y la utopía: el Cine es Magia que nos permite elevar o hundir temas tan interesantes como el de “Fin de Semana en París”

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