Vamos a ciegas por la pedregosa ruta que nos lleva el Covid-19

Susana Pozo

, Destacados, General

El incumplimiento de la cuarentena ha hecho su resto en este confinamiento masivo

cola supermercadosSi yo fuera ministra de Educación (jajaja, qué manera de ser autoflagelante) ingresaría a los curriculums de la enseñanza media conocimientos básicos pero esenciales sobre los complejos números que se registran en las pandemias. Esos contenidos  deben llegar a la ciudadanía, porque no será la última pandemia que podríamos tener en este siglo, si  la relación con  los animales menores- nosotros sólo estamos en  plano superior en ciertos comportamientos y conocimientos- continúa siendo tan exponencial, como lo que  pude constatar cuando viajé a Taiwán, donde ni siquiera me asomé a los mercaditos, donde se “faena” al elegido y luego va directo a la mesa.  Me lo relataban mis compañeros de viaje que todas las tardes se deleitaban con ir a esos centros de consumos que hasta hoy siguen  funcionando.

El mundo globalizado no tiene límites para que estos traspasos de flora viral o bacterial se propaguen  con enorme facilidad entre los seres vivos. De manera que las pandemias continuarán  siendo las invitadas frecuentes e indeseadas y sería muy conveniente dominar su complejo comportamiento.

De hecho, algo esencial es que en su propagación nos aportan números muy engañosos mientras las estamos enfrentando.

De eso hemos hablado en anteriores columnas, las nominamos “cifras negras”, y claro que sí, siempre los guarismos del día serán irreales, responden a las andanzas del coronavirus de hace 1 ó 2 semanas atrás, sólo el patógeno lo sabe. Es un guión escrito para la película que veremos en un par de semanas más adelante.

Aun no internalizamos que la única foto real de las cifras que entrega el Minsal es la cantidad de  fallecidos y los  pacientes que están en esa jornada hospitalizados, gravemente comprometidos por el coronavirus. Hay un retrato oculto, el de los asintomáticos, imposible pesquisarlos sino y tal vez a través de las personas que ellos mismo contagiaron. Esa es la gran dificultad que tenemos y el que esos asintomáticos se queden en sus casas es el principal beneficio de esta cuarentena masiva que se ha iniciado.

Pero el astuto bicharraco también entiende que somos como monos porfiados y muy poco solidarios. Que haga cuarentena el vecino, el viejito, el pobre, el de la otra comuna, pero yo no.

Y a esa irresponsabilidad se suma la falta de culpabilidad. Hoy cuando aparecen cifras inquietantes, miramos y criticamos al Gobierno, como si no tuviéramos velas en este entierro, como si en una pandemia, el principal protagonista no fuese  el ciudadano llamado a tener los resguardos recomendados para que de la forma más rápida posible, salgamos como país de este atolladero.

Un ejemplo emblemático de mal comportamiento lo está otorgando el senador Rabindranath    Quinteros, quien siendo sospechoso de haber sido contagiado y habiendo sido objeto de examen por tal condición, viajó en un avión, no sin antes tomar contacto con otras personas y no hacer la cuarentena desde el minuto que se le asignó la condición de sospechoso a la espera de un resultado.

El parlamentario tampoco dudó en culpar al Gobierno de no realizar más exámenes, ignorando que  ese control, para que resulte eficiente, debe aplicarse en aquellos con síntomas,  asintomáticos pesquisados por un contagiado o en quienes han tenido contacto con un enfermo, que era su caso. Lo contrario es gasto inútil, porque puedo hoy aplicarme el PCR,  al “por ver”,  contagiarme a las 2 horas siguientes y hasta en el trayecto de regreso que hice hacia una clínica para hacer ese ejercicio inútil y mi examen arrojaría negativo. Es una cuestión de lógica que no reflexionaron las personas que se agolparon en centros asistenciales, cuando vino el “cuco” del alza de casos, a ver si tenían en su cuerpo el indeseado bichito.

Ahora están siendo pesquisados los pasajeros que viajaron junto a Quinteros rumbo a Puerto Montt y él justificándose que cuando tomó el avión “no tenía ni síntomas ni resultados aun”.

Increíble, si hay autoridades que no se informan bien, qué le pedimos al ciudadano de escasos recursos que hoy está lidiando con esta cuarentena sin dinero en el bolsillo, sin poder trabajar y sin tener las condiciones para un buen aislamiento.

De eso hemos hablado en nuestras anteriores columnas sobre esta pandemia, y la que les invito a leer a continuación. Fue escrita para ser publicada el 08 de este mes en el Semanario “Tiempo” de La Serena, cuando asomaba  el camino que estamos ascendiendo hoy y que en la Región Metropolitana lo ha pavimentado en parte todos aquellos que participaron de conductas impropias para las circunstancias.

Les invito a leer esta columna que titulamos…..

El Camino Tortuoso de la Pandemia

Semanario “Tiempo” 08/05/2020

camino tortuosoSiempre es difícil transitar por un camino tortuoso. Rutas zigzagueantes, oscuras y estrechas demandan denodados esfuerzos.

Ya hemos ingresado al tramo más difícil de esta pandemia.  El escenario hoy resulta particularmente complejo por los factores que dificultan  sortearlo con los menores daños, que debiera ser el objetivo primordial.

Primero, hemos iniciado el recorrido ascendente, rumbo al peak de la enfermedad, estamos subiendo una colina, un proceso que coincide con las fechas anunciadas para esta fase.

Pero este recorrido nos demandará más energía, mayor aliento, más dificultad, en momentos que ya hubo una trayectoria que nos restó energía y nos produjo cansancio.

En esa circunstancia asoma el segundo factor,  y es precisamente el agotamiento ya acumulado tras 2 meses desde que el virus se instaló en el país. Es un agobio que además estaba asociado a las discretas cifras de contagiados que teníamos hasta la pasada semana, muy por debajo de las proyecciones tremendistas que circularon en pre-pandemia.

Quisiéramos atribuir a esa combinación- fastidio por el encierro y cifras mesuradas en la epidemia- los comportamientos desafiantes de la ciudadanía para trasgredir la disciplina cuarentenal y también aquellas que la propia sensatez debiera indicarnos.

Así se explican, pero en ningún caso se justifican, fiestas masivas, la compulsión por “molliar”- disculpen el barbarismo- terminales de buses atestados de pasajeros dispuestos a compartir en un transporte masivo por varias horas y automovilistas intentando a todo trance el pasado fin de semana para llegar a balnearios, entre otras conductas de riesgo.

No obstante, abruptamente, las favorables cifras se revirtieron- los veleidosos números pandémicos- y todo indicó que la relajada conducta ciudadana, particularmente en la Región Metropolitana, no dialogó con la importante actividad del virus.

No relajarse parece ser el quid hasta que este huracán patológico pase porque un tercer elemento clave vinculado a las cifras negras a las  que ya hicimos mención en una columna pasada, es el predominio de individuos asintomáticos que se observa en la toma de muestras.

El virus nos está engañando, al convertirse en huésped de estos afortunados asintomáticos que son los más peligrosos portadores del patógeno para contagiar a la población más vulnerable.

Estos invisibles anfitriones del Covid-19 están con la energía suficiente para ir de fiesta y cumplir otras actividades imprudentes, cuando en rigor debieran estar en cuarentena. Pesquisarlos será la tarea más difícil del equipo de salud.

Hoy cuando el patógeno se infiltró en las comunas más pobres de la Metropolitana, iniciamos la cuesta más difícil de esta batalla. Es la población que no puede cuarentenar como corresponde por sus menesterosas viviendas y ¡ojo! son quienes tienen más urgencia de salir a trabajar.

Esa realidad no es insustancial para salir todos de este atolladero. Ya lo veremos.

Susana Pozo Pizarro, es Periodista (UCh), Magíster en Información Económica. A nivel profesional ejerció en formatos de Televisión, Radio, Periódico y Revista. También se desempeñó en Comunicación Corporativa y culminó su carrera como Editora y Columnista del sector de Economía en Diario “El Mercurio” de Valparaíso. A nivel académico ocupó cargos en la Universidad de La Serena como académica, Directora de la Escuela de Periodismo y vicedecana de la Facultad de Ciencias Sociales y Administrativas. En 2008 recibe el Premio “Elena Caffarena” que otorga el Gobierno para reconocer a mujeres destacadas en su ámbito profesional. Hoy es columnista del Semanario “Tiempo” de La Serena y maneja este sitio para analizar la actualidad así como otros temas de interés. Nos estamos acercando a 1.800 seguidores en twitter y un número significativo que nos siguen a través del contacto directo y de correos. Nuestro interés es otorgar análisis independiente y acogemos comentarios que pueden observar enfoques distintos y opuestos al nuestro.

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