Los Vínculos de Neruda con el mar

Neruda, el “Winnipeg” y Valparaíso

neruda y el winnipegEl pasado 12 de julio Pablo Neruda, festejó sus 111 años de vida. El año pasado, al cumplirse su natalicio 110 escribimos este artículo, hoy de plena vigencia. En el texto abordamos diversos aspectos del vate, particularmente su conexión con el mar y Valparaíso, donde instaló tres de sus casonas hoy convertidas en museos que albergan sus variadas colecciones.

A los nuevos lectores de estas páginas les invito a leer esta columna que es nuestro saludo aniversario al Premio Nóbel,

Señalamos con toda propiedad que “festejó” su natalicio porque un escritor nunca  muere, mucho menos  aquellos que están a la altura de nuestro vate quien nos regaló un segundo Premio Nobel, y quien ha sido tema de  películas, libros, documentales. Su obra ha circulado por el  mundo y sus poemas han sido musicalizados.

Su vida fue de luces y de sombras, como la de todos y tal vez la  más oscura  se  relaciona con su hija Malva Marina, pero esa hay que remitirla al respetuoso escenario de la intimidad personal a que todo el mundo tiene derecho. Cuando livianamente criticamos el comportamiento de alguien, lo hacemos  en muchas ocasiones desde la ignorancia de los  dolores, razones  y justificaciones, que  pueden explicarlos y ahí, en nuestra crítica, ya estamos invadiendo un  terreno muy personal.

Para cerrar la  referencia a su hija, y no especular con el comportamiento del vate sobre este plano íntimo, digamos que  a su hija un nombre- Malva Marina- muy poético y también que  habla de los lazos que el poeta tenía con el mar.

Es la arista de su vinculación con el mar que abordaré en este artículo. Quienes estamos profundamente conectados con el mar, siempre  nos persigue la compulsión a buscarlo como nuestro horizonte. Personalmente mi insoslayable vinculación marítima es también en  el sentido de la libertad, en términos que  el mar es a nuestros ojos el horizonte infinito, con una amplitud que se abre en la perspectiva literal que se desea también para el pensamiento, la creación y la autonomía personal.

En ese  aspecto,  si revisamos la poesía de Neruda, su versatilidad y diversidad temática, da cuenta  de ello: la composición de su poemario habla metaforicamente de la navegación del vate  por una infinidad de contenidos que le inspiraron y le llevaron a la gloria de la  literatura mundial. El no se encasilló ni en una estructura ni  en temas a los que capturaba preferentemente de sus vivencias, de  aquello que  le correspondió vivir sin límites,  pero también de la observación profunda de la época en que vivió.

La vida de Neruda fue  azarosa y novelesca, y está pletórica de capítulos que se  inscriben en esa línea, como  cuando aun siendo senador vivió en la clandestinidad, tras la  persecución en los años 40 de  los militantes comunistas.

Una década antes  que el poeta se viera obligado a realizar un oculto periplo hacia el sur del país bajo nombres supuestos y lograr salir del país,  ayudó a  un  significativo número de españoles que llegaron a Chile huyendo de la mano franquista.

De eso  hablaremos en este artículo: del “Winnipeg”, de  Valparaíso, de Isla Negra, de “La Sebastiana”, de sus barcos anclados en tierra, y de  sus  paseos por la costa.

Neruda quiso morir junto al mar. Sus últimos días, ya gravemente derrotado por el mal que le aquejaba, trascurrieron  en Isla Negra, localidad situada en la V Región, en la Provincia de San Antonio.

En un  último intento por su recuperación, su familia le trasladó a Santiago, donde  aun existe un velo de duda sobre si su  lamentable muerte el 23 de septiembre hace ya 41 años fue por causas naturales o manos negras la precipitaron. A la fecha, las indagaciones han sido negativas para establecer pruebas fehacientes sobre que Neruda hubiese sido  víctima de la dictadura  y se mantiene la tesis que su  deceso  se inscribió en  su enfermedad. Esperemos que así sea para que no agreguemos a nuestra historia reciente otro pecado  colosal.

En su conexión con Valparaíso, recordemos primero su participación como organizador de la  travesía cumplida por el carguero  “Winnipeg” desde las costas  francesas a  la bahía porteña en una misión  humanitaria que  a un grupo de españoles les significó consolidar profundas raíces con el primer puerto del país.

Neruda, el Presidente Balmaceda y otros colaboradores   participaron en esa cruzada para sacar desde campos de concentración franceses a  un número cercano a  2.200 españoles que estaban  allí en precarias condiciones confinados por la bota  franquista. El grupo emprendió camino a la libertad  a bordo del  barco de carga “Winnipeg” que  llegó en 1939 a las costas de Valparaíso.

El navío era de dimensiones estrechas pero de alguna manera contuvo a  estos 2.200 refugiados que  veían en esta travesía su  crucero hacia una nueva  vida.

Niños, adultos y jóvenes componían el contingente de españoles que finalmente afincó en Chile. Pocos retornaron a su patria años después, los menos se radicaron en países vecinos, pero un grupo importante se cautivó con la bahía porteña donde decidió  fundar familia.

En Valparaíso, que alberga a un  mosaico de ciudadanos foráneos provenientes desde todas las latitudes, los pasajeros del Winnipeg fortalecieron la sólida colonia española que ha hecho de este puerto su segunda patria. En su gran mayoría son comerciantes,  que conservan sus tradiciones transmitidas a descendientes.

Fue  el episodio  solidario que protagonizaron Neruda y el Presidente Balmaceda tras los horrores de la cruenta Guerra Civil Española.

El poeta estaba muy conectado tanto  a España, donde prestó servicios en el consulado chileno, como a Francia,  país  en el cual también  ejerció labores diplomáticas. Estas  conexiones le sirvieron para llevar a  cabo la misión encomendada por el Primer Mandatario.

El navío zarpó  desde el puerto francés Trompelouc-Pauillac y arribó a Valparaíso el 3 de septiembre de 1939.

A bordo del Winnipeg venía Víctor Pey, quien hasta hace algunos años mantuvo litigio con  el   Gobierno de Chile por la propiedad del matutino “Clarín”,  de línea editorial socialista y muy ligado a la administración  del Presidente Allende. Este periódico tuvo gran  protagonismo en los años que antecedieron al quiebre de la democracia en Chile en 1973.

El episodio del “Winnipeg”no es el único que une a Neruda con Valparaíso. El escritor viajaba constantemente a este puerto, donde  tenía uno de sus tres refugios, hoy convertidas en Casas Museos, que bien vale la pena  visitar, pues es internarse a los años 50 y 60 y a la etapa que perfiló al Nóbel como gran coleccionista.

Muchas de sus colecciones en Valparaíso como en Isla Negra  guardan relación con  el mar: hermosas y enormes conchas marinas, mascarones de proa, timones, brújulas y otros artefactos vinculados con la navegación.

Junto a “La Chascona” en Santiago y la  casa de Isla Negra, también en la V Región, la “Sebastiana” es virtualmente un navío  que pareciera que un temporal de viento y copiosa lluvia, característicos de Valparaíso, hubiese lanzado a las alturas de un roquerío, y allí permanece aun oteando permanentemente  hacia el mar. Fue  el atalaya que el poeta escogió para tener frente a sus ojos  la  extensa bahía porteña. En “La Sebastiana” Neruda organizó variados miraderos: desde su dormitorio, desde la terraza y por donde Ud. circule, su horizonte es el mar, que él tiene tan presente en su poemario.

Me imagino que en  esa casona se sentía capitán, haciendo gala de sibarítico anfitrión.

Allí permanecen lo citados mascarones de proa, campanas, catalejos y todo tipo de adminículos que le conectaban con ese  mar que es imposible no amarlo desde el sector que nos situemos a contemplarlo en la hermosa bahía de Valparaíso.

Esta misma línea de colección se replica en Isla Negra, donde la propiedad nerudiana semeja un barco varado en  algún  roquerío de baja elevación. Ese imaginario genera esta casona enclavada en una playa.

En ambas viviendas, hoy Museos, hay también una  gran colección de caracolas, algunas de  las cuales, el poeta seguramente recogió en largos paseos que realizaba por la costa, acompañado por su mujer y su perro.

También  resulta notable  su colección de  botellas que, si echamos a volar la imaginación, podrían ser productos que algunas  marejadas dejaron en orilla de playa.

En “La Sebastiana” está hoy instalada la Fundación Pablo Neruda.

La casona de 4 pisos- ubicada en el Cerro Florida-  recibe un flujo permanente de visitantes chilenos y extranjeros que se  encantan con la enorme colección de  mapas, catalejos, cuadros, utensilios varios, pero también con la espectacular vista hacia el mar.

Este refugio porteño también inspiró al  vate, quien le  dedicó una de sus obras: bajo el simple título “A la Sebastiana”,  es  un poema casi desconocido. Extenso, consignemos  aquí  una estrofa que resume la  conexión de Neruda con Valparaíso:

La casa crece y habla,
se sostiene en sus pies,
tiene ropa colgada en un andamio,
y como por el mar la primavera
nadando como náyade marina
besa la arena de Valparaíso,

ya no pensemos más: ésta es la casa:

ya todo lo que falta será azul,

lo que ya necesita es florecer

Y ese es trabajo de la primavera

El poeta adquirió el inmueble en obra bruta y la terminó de construir y de alhajar. En el inmueble pudo dar rienda suelta a su  espíritu creativo y de coleccionista. Este verso expresa  que esta casona era también obra suya. A él le gustaba sumergirse en el mundo de las antigüedades.

Otra estrofa de  este poema dedicado a “La Sebastiana” habla de esta afición y de cómo cada avance de la casa estuvo bajo su mando, su creación, su ideario de vivienda frente al mar.

El siguiente verso da cuenta de la sensibilidad de Neruda con respecto a los objetos más cotidianos. Aquí hace una poesía de la función que  cumple una puerta, y revela  una capacidad notable para versificar cada objeto que le rodea. Era, por tanto, un  hombre pleno de  sensibilidad por lo  rutinario con lo cual  también daba curso a su inspiración.

Aquí lo insertamos

Me dediqué a las puertas más baratas

a las que habían muerto

y habían sido echadas de sus casas

 puertas  sin muro, rotas, amontonadas en demoliciones,

puertas ya sin memoria,

sin recuerdo de  llave

y yo dije: “Venid a mí puertas perdidas:

os daré casa y muro y mano que golpea,

oscilaréis de nuevo abriendo el alma,

custodiaréis el sueño de Matilde

con vuestras alas que volaron tanto

Eran los años cuando a los chilenos nos invadía la tontera por adquirir casonas “modernas”, estandarizadas, donde lo antiguo era para  muchos hasta vergonzoso, de “menos pelo”, desechable.

Eso no aplica en Valparaíso, donde podemos hacer un recorrido por los  cerros observando puertas, ventanas, rejas, mampostería noble y antigua que hoy no encontramos en los  supermercados que nos ofrecen el producto seriado, carente de mano artesanal y por tanto de vida propia.

El alma poética de Neruda sabía  apreciar lo antiguo por su  nobleza, y de eso  habla esta estrofa que ya compartí con Uds- Les invito por tanto a leer completo ese poema dedicado a “La Sebastiana”.

Su casa de Isla Negra, en la comuna de El Quisco, guarda similar estilo: es la mano del poeta.

Este segundo refugio, al que permanentemente  llegaba, repite su conexión con el mar y los tesoros que este guarda.

Construida en un montículo de escasa altura, desde su acceso nos encontramos  en la playa y el mar que en tanto poemario fue su horizonte para dar lugar a su vasta creación poética.

En el acceso, recibe a  los visitantes  una campana de navío, una  reliquia que está dispuesta para que su capitán Neruda, quien hace  41 años abandonó este barco varado, llame a su tripulación desde alguna  latitud.

Son pasajes de la vida de Neruda, a quien en este segundo artículo recordamos en sus 110 años en su fructífero paso por la V Región, Valparaíso e Isla Negra.

Susana Pozo Pizarro, es Periodista (UCh), Magíster en Información Económica. A nivel profesional ejerció en formatos de Televisión, Radio, Periódico y Revista. También se desempeñó en Comunicación Corporativa y culminó su carrera como Editora y Columnista del sector de Economía en Diario “El Mercurio” de Valparaíso. A nivel académico ocupó cargos en la Universidad de La Serena como académica, Directora de la Escuela de Periodismo y vicedecana de la Facultad de Ciencias Sociales y Administrativas. En 2008 recibe el Premio “Elena Caffarena” que otorga el Gobierno para reconocer a mujeres destacadas en su ámbito profesional. Hoy es columnista del Semanario “Tiempo” de La Serena y maneja este sitio para analizar la actualidad así como otros temas de interés. Nos estamos acercando a 1.800 seguidores en twitter y un número significativo que nos siguen a través del contacto directo y de correos. Nuestro interés es otorgar análisis independiente y acogemos comentarios que pueden observar enfoques distintos y opuestos al nuestro.

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