Las embusteras cifras de la Pandemia

Susana Pozo

, Destacados, General

 

 

Algunos quieren hacer la cuadratura del círculo en un escenario de  números mentirosos y un enemigo invisible ¿No pedirán mucho?

 

Estadística coronavirusNada más dramáticamente real que las víctimas del coronavirus y sin embargo nada más mentiroso que el recuento que se hace de sus decesos. Los contagiados que permanecen en su casa, muchos gozan de buena salud y algunos hasta se atreven a salir, pasear, sentarse en una plaza, visitar un pariente y contagiar. Otros guardarán la cuarentena, enfrentando algunos problemas de orden respiratorio. Los hospitalizados, enfrentan una dura batalla para sortear la agresividad del patógeno.

Pero quienes han fallecido son el rostro más duro de esta crisis sanitaria, que todos sabemos es la antesala para una segunda y titánica tarea: doblar la mano al derrumbe económico.

Todas esas tragedias ya las hemos analizado en estas páginas y este sexto artículo sobre la pandemia está enfocado en las veleidosas cifras de decesos y la obsesión de algunos sectores por alcanzar la “cuadratura del círculo” en un registro, cuya demanda de por sí, resulta odiosa, ya que pone en el centro del debate a los fallecidos y sus dolientes, pasando a llevar su gran dolor.

Porque contar muertos no debemos reducirlo a un informe contable. En tragedias como los desastres naturales empezamos con recuentos de víctimas de 1 a 2 dígitos y podemos terminar con miles o centenares. Lo viví muchas veces como periodista. ¿Mentimos los primeros días? Claro que no, son sucesos en desarrollo. En una crisis epidemiológica, resulta aún más complejo llegar a cifras exactas  porque cada día, el recuento apenas nos entrega la instantánea que se captó hace una semana, 14 o más días.

Tal alteración es particularmente compleja  con las víctimas fatales, cuyo registro proviene desde distintas fuentes. Sobre su autenticidad o fidelidad no cabe discusión, no son reales, y aun así no tiene sentido la mirada sospechosa y sí es muy valioso,  respetar a los muertos, no hay mucho que explicar sobre esto último.

Sin mayores cuestionamientos, asumamos que todas las cifras pandémicas son embusteras.  Ya llegará la hora del balance definitivo sobre lo que nos dejó una de las mayores catástrofes sanitarias desde 1918 cuando se registró un estimado de rango muy amplio, entre 50 a 100 millones de personas que sucumbieron con la letal gripe española.

Incluso, me parece nada ajustado a la realidad el número de contagiados que conocemos día a día, por cómo son denominados. Mentira, no son todos los “casos”, ni todos los infectados, son simplemente los pesquisados porque  muchos contagiados están en sus casas, hasta ignorando que sufrieron o padecen la infección. Y también porque  observando el colapso hospitalario, seguramente a esos recintos llegarán sólo aquellos con síntomas importantes que requieren de asistencia médica. Tan cierta es esta irrealidad, que en esta batalla que libran los trabajadores de la salud, una tarea primordial está siendo la que realiza la salud primaria que va tras la traza de contagios. En esa pesquisa está la verdad oculta de la pandemia que en uno de los primeros artículos la clasificamos como las “cifras negras” de este desastre.

Lo mismo ocurre con el temido “peak” muy demandado por periodistas. Entendemos el apremio para llegar a la cima a que nos está llevando el Covid-19, pero el esperado punto más alto para comenzar a descender no lo sabremos sino después de muchas jornadas en que haya quedado atrás: esta es una ruta a ciegas con un enemigo invisible.

¡¡¡Y  en ese escenario queremos que existan números “perfectos”, “reales”, porque “parece que algo nos están ocultando”.

 Como dice la letra de alguna composición musical vivimos “mentiras, sólo mentiras”.

Por eso,  admitamos que ningún número del informe epidemiológico se ajusta a la verdad, a excepción del número de hospitalizados y su gravedad, cifra que es apenas flor de un día, ya mañana será un número epidemiológico, internarán otros pacientes y algunos, los más afortunados, se irán a pasar la convalescencia a sus casas, y ya tendremos otra cifra. Y respetemos a los muertos y a sus dolientes.

De eso trata el artículo que redactamos  para el Semanario “Tiempo”, que lo publicó la semana reciente y que hoy les invito a leer

Las Intermitencias de la Muerte

Semanario “Tiempo” 19/06/2020

 

La creatividad novelesca con que el escritor José Saramago cristalizó su libro “Las Intermitencias de la Muerte” responde a uno de  los  deseos mayoritarios, que no exista la muerte. A este trance final  le tememos, como una de las grandes incógnitas que, no obstante los avances en la Humanidad, permanece como el misterio más insondable, un proceso insoslayable y el más absoluto.

“Las Intermitencias de la Muerte” de este Premio Nobel ficciona la interrupción de la muerte en un país, situación que genera primero una euforia, pero trascurrido un tiempo surgen diversas dificultades, e inevitablemente emerge un brote de corrupción para lidiar con la ausencia del final de la vida.

Así, además de insondable, insoslayable y absoluta, la muerte hasta en su desaparición generaría caos. Saramago demuestra con esta obra que, lamentablemente, todo tiene un precio, incluido que la muerte no se haga presente.

Pero lo primordial es el matiz humano que él imprime a la trama en estas intermitencias de la muerte, imaginadas por el portugués al ocaso de su vida. Fue una de sus últimas novelas, con 82 años, y tal vez presintiendo que ya llegaría su fin, 5 años después.

Una de las principales reflexiones a que nos lleva, es a humanizar la muerte, porque cuando esa humanización está ausente, algo muy  destructivo está ocurriendo en una sociedad.

Por eso, incomoda cuando observamos en estas últimas semanas que sectores políticos en un afán oportunista han deshumanizado la muerte que con tanta termitencia- a diferencia de la novela de Saramago- se ha hecho presente en miles de familias chilenas.

Me parece pertinente que el país demande transparencia en la información que el Gobierno otorga sobre el curso del Covid-19 por el país. Cuál es la cifra de decesos es uno de los números que  se complica, en un proceso como una pandemia donde los recuentos no reflejan realidad presente, como hemos reiterado.

Pero no ha sido la más apropiada la forma y los instrumentos mediáticos ocupados por algunas voces periodísticas y políticas para expresar su inquietud por lo que estimaban sería un ocultamiento de cifras. Sabemos que desde el anonimato de las redes sociales surgen afirmaciones indocumentadas, destempladas y erróneas y no es el mejor medio para incubar una desconfianza en el número de fallecidos, quienes merecen el más prudente respeto.

Como también han carecido de pericias las explicaciones de las autoridades sanitarias para precisar los diferenciales estadísticos que han surgido en momentos que aumenta el número de decesos.

La metodología, y también sus modificaciones, no ha sido la óptima en un registro que emana desde múltiples fuentes.

Humanizar la muerte, retornar al deferente respeto de los fallecidos es una cuestión de imprescindible cordura que se impone por sobre el oportunismo político, de tan nefasta presencia en estos últimos años.

Algo muy destructivo nos está ocurriendo.

Susana Pozo Pizarro, es Periodista (UCh), Magíster en Información Económica. A nivel profesional ejerció en formatos de Televisión, Radio, Periódico y Revista. También se desempeñó en Comunicación Corporativa y culminó su carrera como Editora y Columnista del sector de Economía en Diario “El Mercurio” de Valparaíso. A nivel académico ocupó cargos en la Universidad de La Serena como académica, Directora de la Escuela de Periodismo y vicedecana de la Facultad de Ciencias Sociales y Administrativas. En 2008 recibe el Premio “Elena Caffarena” que otorga el Gobierno para reconocer a mujeres destacadas en su ámbito profesional. Hoy es columnista del Semanario “Tiempo” de La Serena y maneja este sitio para analizar la actualidad así como otros temas de interés. Nos estamos acercando a 1.800 seguidores en twitter y un número significativo que nos siguen a través del contacto directo y de correos. Nuestro interés es otorgar análisis independiente y acogemos comentarios que pueden observar enfoques distintos y opuestos al nuestro.

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